El desafío de incrementar la productividad laboral en Argentina

“Productivity isn’t everything, but in the long run it is almost everything”, Paul Krugman, 19941.

En este trabajo definiremos la productividad laboral como el nivel de producción por trabajador (unidad de trabajo). Los factores que determinan el crecimiento en la productividad del trabajo son esencialmente tres. Primero, las capacidades adquiridas (o calidad del capital humano) de los trabajadores, como resultado de su nivel educativo y/o de su experiencia. En segundo lugar, el capital físico (máquinas, equipos e infraestructura, entre otros) disponible para realizar sus actividades. Por último, las mejoras en la eficiencia de los procesos de producción e innovaciones (Productividad Total de Factores -PTF)2.

Las marcadas diferencias en el ingreso per cápita observado entre los países se explica principalmente por las trayectorias individuales de la productividad laboral. Si bien el crecimiento en la productividad laboral muestra un comportamiento anual volátil, es posible extraer tendencias a fin de identificar períodos de mayor o menor crecimiento de la productividad.

A nivel global, se observa que la desaceleración en el crecimiento de la productividad laboral es un fenómeno que se viene verificando desde mediados de la década anterior.

La desaceleración en el crecimiento de la productividad de las economías avanzadas es un fenómeno tendencial que se inició antes de la crisis económica y financiera de 2008/2009. En las economías de Europa y Japón, este proceso se verifica desde mediados de los 90s y se encuentra relacionado a una menor velocidad de adopción de tecnologías e innovación, especialmente en el sector de servicios. En Estados Unidos, el crecimiento de la productividad laboral comenzó a disminuir en 2005, cuando los efectos de primera ronda del boom de inversión en tecnología de la segunda década de los 90s comenzaron a disiparse.

En las economías emergentes y en desarrollo, el pico de productividad se alcanzó en 2007 y desde entonces se hallan dentro de una tendencia descendente. Esta desaceleración parece ser el resultado final de un proceso de convergencia iniciado a fines de los 90s y liderado por países como China e India dentro de un proceso de reformas domésticas que permitió un fuerte incremento de la integración comercial internacional y la rápida inversión en tecnología y comunicaciones.

En Argentina, la productividad no sólo no logró escapar a la tendencia global de la desaceleración en la tasa de crecimiento, sino que incluso se mantuvo estancada entre 2011 y 2016. La productividad laboral media agregada de la economía surge del ratio entre el PIB medido a precios constantes y el total de empleados3 (ver Gráfico 2). La fase de expansión de la productividad post crisis 2001-2002 permitió recuperar en gran parte la productividad perdida durante la fase contractiva (1999-2002) y alcanzó un máximo en 20114.

La tendencia levemente contractiva de la productividad laboral desde 2011 coincide con el estancamiento del crecimiento del Producto (ver Gráfico 2). Llamativamente, el máximo de productividad por trabajador promedio durante 2011-2015 es similar al nivel alcanzado durante 1997-1998. Coremberg (2017) destaca incluso una leve caída de la productividad total de los factores durante este período5.

Hacia adelante, una de las claves para salir del estancamiento del PIB no sólo dependerá de la implementación de sólidas políticas macroeconómicas, sino que también resultará necesario basar su crecimiento a partir de mejoras en la productividad a fin de alcanzar mejoras sostenidas en los ingresos de las familias.

Resulta clave profundizar las políticas y las reformas necesarias para generar un ambiente que permita desencadenar las tres fuentes de aumento de la productividad laboral. Primero, la inversión en formación bruta de capital (tangibles e intangibles). Segundo, la calidad del capital humano, a través de mejoras en el acceso y en la calidad de la educación, la capacitación continua y el fortalecimiento de los mercados de trabajo. Finalmente, innovaciones y mejoras en los procesos que permitan obtener una mayor producción con la dotación dada de factores. El desafío es encontrar las reformas específicas que cada país necesita para elevar la productividad laboral de forma difundida y simultáneamente políticas sociales que sean compatibles con la transformación estructural.

Emiliano Basco y Mariano Sardi

 


1Paul R. Krugman, (1994): “Peddling Prosperity: Economic Sense and Nonsense in the Age of Diminished Expectations“, WW Norton & Company.

2La Productividad Total de los Factores se utiliza para captar el progreso tecnológico y la eficiencia de la producción que no es incorporada directamente en los factores capital y trabajo. La PTF se mide como un residuo y captura más que la tecnología y la eficiencia, es una medida de nuestra ignorancia (Abramowitz, 1956; Solow, 1957).

3La serie de empleo total se construyó extrapolando los datos que surgen de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) a la población total urbana del país. Se contabilizó el 100% de los ocupados y el 50% de los sub-ocupados. Si bien el producto por horas trabajadas es la medida más convencional para medir la productividad laboral a nivel mundial, las horas trabajadas muestran una correlación significativa a mediano plazo con la productividad por trabajador. INDEC descontinuó desde 2006 las series de horas trabajadas para el total de la economía.

4La productividad por obrero ocupado es más volátil que la productividad por hora en la fase recesiva como en la salida debido a que el ajuste de los puestos de trabajo es menos flexible que el ajuste de las horas trabajadas. El filtro HP capta el comportamiento más tendencial de la productividad laboral, independientemente de dichas rigideces de corto plazo.

5Véase al respecto Coremberg (2017): “This Was Not Argentina’s Growth and Productivity Decade”, Mimeo International Productivity Monitor, World KLEMS 2017.